Xavier Gabriel
Empresario español. Xavier Gabriel Lliset, nació el 21 de marzo de 1951, en Sort, un pequeño pueblo del prepirineo leridano, ubicado en un valle por donde transcurre el río Noguera Pallaresa, al que él, jugando con el topónimo de «sort» (‘suerte’ en castellano), ha rebautizado como «la Vall de la Sort».
El valle forma parte de la famosa comarca del Pallars Sobirà, más bien deprimida si no fuera por la explotación de los deportes de aventura, del que Gabriel fue el pionero, y también en buena medida gracias a la administración de lotería que regenta, la Bruixa d’Or (‘Bruja de Oro’). La familia era profundamente religiosa y conservadora. Sus padres, Ramon Gabriel Civís y Maria Lliset Borrell, regentaron durante muchos años el estanco local.
Vivió su infancia en un entorno familiar que lo mimaba, sobre todo sus abuelos paternos, con quienes pasaba los veranos en Figuerola d’Orcau y que le obligaban a estudiar y a aprender a escribir a máquina, en particular el abuelo, cuya afición a jugar en bolsa animó más tarde a Xavier a embarcarse en inversiones de riesgo.
Después de cursar los estudios primarios en su pueblo natal y el bachillerato en Lleida, aún con dieciséis años entró a trabajar de chico para todo en la Caja de Crédito para la Vivienda, en la capital leridana, con un sueldo que ni siquiera le llegaba para pagarse la pensión. Por ello, sus padres le cubrían los gastos personales, que incluían un décimo semanal de la Lotería Nacional, hasta que a los pocos meses fue ascendido a auxiliar administrativo.
Pionero de los deportes de aventura
Su suerte prosiguió cuando, tras cumplir el servicio militar en Tenerife, lo trasladaron a la oficina de Sort, donde a los veintiocho años alcanzó la categoría C, la máxima para aquella localidad. Pero su esfuerzo y su plena dedicación no eran equiparables a los aumentos de sueldo, por lo que, después de una breve experiencia en el Banco de Navarra y en Banca Catalana, casado y con un hijo de dos años, pidió la liquidación y abandonó para siempre el mundo financiero.
Tras una breve pero intensa experiencia en el mundo de las ventas y del marketing (turismo, restauración, joyería, con viajes a Barcelona y las Islas Baleares), puso en marcha el negocio más arriesgado para la época, por lo desconocido: los deportes de aventura, que lanzó en el ámbito estatal en 1987 y 1988, cuando las infraestructuras eran aún tercermundistas. Pero aquel pionero de deportes como el rafting no se amilanó.
Después de visitar instalaciones que funcionaban a la perfección en los Alpes, convirtió en pocos años el río Noguera Pallaresa en el paraíso de los deportes de aventura. Quienes probaban, volvían, y el número de practicantes fue multiplicándose año tras año. Al rafting añadió hasta otros diez deportes en seis años, como el exitoso puenting. La terraza del bar estaba llena desde las seis de la mañana hasta altas horas de la madrugada.
Pero cuando en 1993 Gabriel abandonó la empresa, D’Aventur, ésta se sumió en una profunda recesión, debido a las deudas generadas por la construcción de un gran albergue. Para paliar esas deudas Gabriel había solicitado a sus socios y hasta entonces amigos una ampliación de capital, pero éstos no cumplieron. Fue la primera gran decepción, porque él confiaba ciegamente en los amigos.
La Bruixa d’Or
En aquel momento ya funcionaba su administración de lotería de Sort, que había inaugurado el 16 de agosto de 1986. Como mínimo debía vender 250.000 pesetas de la época en décimos, como exigía Loterías y Apuestas del Estado. Le dijeron que sería imposible en aquel recóndito pueblo.
Pero Gabriel replicó que les sorprendería y que llegaría a convertir la Bruixa d’Or, que primero se denominó Stop y después l’Estel, en la primera del Estado. La Bruja se denomina de oro debido al color dorado de la pintura de la estatua que preside la administración, que finalmente se cubrió con pintura metalizada de coches porque los clientes la desgastaban debido a la superstición de refregar los décimos por la efigie.
Poco tiempo después había superado los 1.000 millones de ventas anuales, que se incrementaron un 20 % cuando el 5 de enero de 1994 dio un premio de 10.000 millones de pesetas con el número del Niño 08.036.
El hecho incluye una anécdota que se haría famosa: nueve décimos de este número, destinados a clientes fijos que los recibían por correo, habían sido devueltos poco antes del sorteo a Gabriel, porque los interesados no habían hecho efectivo el reembolso. La oficina central de Lleida, una vez se supo que aquellos décimos equivalían a 317 millones de pesetas de la época, ratificó que eran legalmente de los propietarios de la administración de Sort.
Fuente: Biografiasyvidas.com
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(21/12/2007 en elmundo.es)
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